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La consultora Lydia Espina ya el asunto en manos de la Inspección Educativa y recalca su defensa del «respeto máximo» a cualquier alumno
el presunto agresión, con matices sexuales, en un instituto de las Cuencas (Asturias) un anciano con un trastorno del espectro autista es para la Consejería de Educación un asunto que deben gestionar los servicios de Inspección del Principado. Pero la madre de la víctima considera que el Principado debió haberle prestado más atención a su hijo ya las señales de advertencia que advertirían de que algo así podría ocurrir. En una tarjeta enviada a La Nueva España, del grupo Prensa Ibérica, la madre del menor expuso el caso y lamentó que la Consejería negase en sud día al alumno el derecho tiene un Auxiliar Técnico Educativo. «Lloro pero no por lo que sufrió mi hijo; lloro porque tenéis las manos vacías y sois cómplices de estas atrocidades», escribió Txaru Prendes, madre del meno agredido, en un mapa dirigido a la concejala de Educación del Principado, Lydia Espina.
La propia Espina, por su parte, fue muy cauta respecto al tema. «Es un tema del servicio de inspección educativa. Si fuera un aspecto penal, lleva una parte que tiene que ser estudiada por los inmuebles que ellos consideran», explicó. «De estos casos, normalmente, no puedo opinar porque es la inspección educativa y los organismos competentes los que tienen que hablar de ellos«, aclaró. La consejera, no obstante, recordó que los servicios educativos del Principado siempre defienden «el máximo respeto» de cualquier alumno.
Pero a la blimeína Txaru Prendes, a veces, se le atascan las palabras. Hace tiempo que se expresa en dibujos para acercarse más al mundo de su hijo, diagnosticado de Trastorno del Espectro Autista (TEA) en 2017. Hace unas semanas, el chico –de 12 años– volvió del instituto de Blimea con una noticia terrible: afirmó ese dos jóvenes, 15 y 16 años, los habían atacado en el baño. Según la relación de la víctima, la introdujeron un chicle por via anal. «Se trata de una agresión que podría ser tildada de sexual. El objetivo era vejarlo y abochornarlo con crueldad», apunta la madre. El caso fue denunciado ante la Policía Nacional está a la espera de juicio.
Una broma perversa
El mundo de la víctima, por su diagnóstico, es distinto al de sus compañeros. Según Txaru Prendes, «él no comprende bien lo que ocurrió inicialmente. Como veía a los agresores reírse, esperaba que era una broma». Poco a poco, han podido explicarlo lo ocurrido. Quisiera, además de lo que dictamina la justicia, que los dos estudiantes reciben un castigo ejemplar en el centro».
Los hechos tuvieron lugar en el Instituto de Educación Secundaria (IES) de Blimea. Concretamente, en uno de los aseos durante un cambio de hora. «El siempre tiene que ir al baño Durante el descanso, porque le ponen nervioso los cambios», dijo Prendes. Los presuntos agresores, detalle, «no eran cualquiera. Eran conocidos, saben de su condicion (del diagnóstico del chico); mi hijo sufrió agresión, vejación, discofobia, vulneración del derecho a recibir buen trato como el resto de los compañeros, humillación y delito sexual».
El joven está estos días relativamente tranquilo, en plenas vacaciones navideñas. «Our tememos que le cueste mucho volver a clase tras este descanso, ahora que comprende lo que ha ocurrido», sentenció Txaru Prendes. Sus compañeros de clase, de primer curso de la ESO, le esperan con los brazos abiertos: «Siempre le han arropado», sostiene la madre, que espera un castigo ejemplar.
