Una propuesta universitaria

«Siempre es un buen momento para entender que las leyes, y más las relacionadas con las políticas de salud pública, deben considerar el debate científico, no las pasiones o prejuicios […]»

La Conferencia de las Partes (COP) del Convenio Marco para el control del tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es el principal órgano a nivel mundial para el debate y la toma de decisiones sobre políticas de control del tabaco, pero eso se convierte cada vez más en una sesión monóloga de sectores radicales, con posiciones extremistas, obstinadamente obstinados en la ilusión de un mundo donde nadie consume nicotina.

Paradójicamente, a pesar de ser llamada «conferencia de las partes», la participación está prohibida a grupos genuinos de la sociedad civil organizada, productores, industria, particulares e incluso periodistas que, con base en la información disponible, no tienen una posición tan sesgada como irónicamente quienes «Cuida nuestra salud, la salud de todos» lo tiene. Es decir, sólo participan los que coinciden con lo que allí se postula.

Cada año, la COP cierra aún más su círculo y, en lugar de ser un foro de debate y consenso, cobra fuerza como hermandad, lo que allana el camino para recomendar normativas “antitabaco”, que no contemplan la abundante variedad nueva. de evidencia científica en torno a alternativas a los cigarrillos. Asimismo, disculpándose por temores infundados, limita el acceso a la participación de la población y los ciudadanos, que son y deben ser el objeto primordial de cualquier legislación o política de salud pública.

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Por ejemplo, aplican un proceso de preselección donde ellos mismos definen y deciden quién participa en las sesiones de la COP. Sumado a esto, aplican un proceso de preselección para los miembros de los medios y luego de pasar estos filtros dan o no acceso a participar en estas conferencias, de manera bastante arbitraria.

Lo peor de todo es que la OMS, organismo especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención a nivel global en salud, está cerrada a avances en cuanto a mecanismos de reducción de riesgo para que los fumadores que van a seguir fumando tengan acceso a otras alternativas. que son menos dañinos para su salud y para quienes los rodean.

Pero el poder y control que tiene la OMS no solo se limita a los diferentes foros o direcciones que la componen, sino que ejerce una gran presión y domina la agenda y acciones de diferentes países, como es el caso de Panamá. Esto se hace a través de instituciones de salud como la Dirección General de Salud Pública o, en particular, a través de funcionarios que, utilizando su posición de influencia en la toma de decisiones o peor aún en la aprobación de nuevas normativas, impulsan iniciativas de espaldas a la ciudadanía. , violando, de manera arbitraria y escandalosa, los derechos de los ciudadanos contenidos en nuestra Constitución.

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Como ciudadano, siempre he aspirado a vivir en un verdadero estado de derecho, desde la Asociación de Fumadores y Familiares por una Panamá Libre de Humo, un espacio que lidero y que nació precisamente con el objetivo de ser escuchado y tenido en cuenta. Al diseñar e implementar políticas públicas y para que Panamá avance junto con los avances científicos y tecnológicos, he experimentado un desinterés por parte de las autoridades a nivel de la Dirección General de Salud Pública, la Comisión Nacional de Control del Tabaco y la Asamblea Nacional.

La “indiferencia” y el “pequeño asunto” que hemos recibido de las autoridades de Salud y de la Asamblea Nacional se podría resumir en el total desprecio por cartas y solicitudes de reuniones y participación en discusiones de nueva legislación. Desde la Asociación de Fumadores y Familiares por una Panamá Libre de Humo, he tenido que enfrentar constantemente negativas, en el mejor de los casos, porque en la mayoría no recibimos respuesta o reitera la posición cerrada y sesgada, cerrando cualquier espacio. para un debate y análisis imparcial lejos de posiciones o intereses particulares.

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En Panamá, cada vez más vamos en contra de lo que se hace en el mundo y perdemos el contrapeso ciudadano en la construcción de un país justo, donde el ciudadano ejerce su derecho a tener y exponer una libertad, plural, informada, crítica y que esta La voz sea tenida en cuenta por quienes precisamente han prestado el poder de hacer leyes, de legislar en beneficio de todos, no solo de unos pocos o de intereses particulares.

Nunca es tarde para reconsiderar y corregir su rumbo. Siempre es un buen momento para entender que las leyes, y más las relacionadas con las políticas públicas de salud, deben considerar el debate científico, no las pasiones o prejuicios, y ser el resultado de la suma de todos los sectores, principalmente los ciudadanos.

Presidente de la Asociación de Fumadores y Familiares por una Panamá libre de humo.

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