<p>Más de 100.000 menores de cinco años mueren anualmente por culpa del <a href=" target="_blank">virus respiratorio sincitial (VRS)</a>. Hace un año la revista <a href=" target="_blank"><i>The Lancet</i></a> publicaba un estudio en que se arrojaba esta cifra. La fórmula a evitar este trágico dato ha venido de la mano de uno de los laboratorios empeñados en dotarnos de <strong>escudos para sortear </strong>la <a href=" target="_blank">gripe </a>cada invierno. También nos ha creado <strong>armaduras invisibles contra otros patógenos</strong> como difteria, la tos ferina, el tétanos, la hepatitis B, la polio y la meningitis meningocócica. Así, a priori, muchos suenan a épocas pasadas, y esa es la clave. «Tener éxito con la vacunación es garantizar que cada vez tengamos menos enfermedades infecciosas que causen riesgos», dice <strong>Thomas Triomphe</strong>.</p>
Seguir leyendo

