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El maíz, un arma cargada de futuro



El congreso anual dejó mucha tela para contar. Una maravillosa cascada de producción de alimentos, energías renovables y servicios ambientales en toda la cadena.

Dedicamos esta edición de Clarín Rural a recoger lo que ocurrió en el Congreso de Maízar, celebrada en el Centro Dorado de Buenos Aires. La necesidad de un cambio en la política para el sector estuvo en el centro del tablero desde el arranque, con la presencia de figuras clave en la ya lanzada lucha electoral. Hacia falta.

pero también hacia falta metere a fondo en la agenda especifica del maiz, que es mucho más que un cultivo esencial en las rotaciones. Se ha convertido a el paradigma de un modelo de país qu’encuentra en él todos los atributos de la modernidad: ciencia, tecnología, inteligencia humana y artificial. Y, sobrio todo, atmósfera.

En el arranque, el presidente de Maizar, pedro vigneau, puso la vara bien alta. Rompió el fuego quitándose los zapatos frente a una audiencia abigarrada, para ponerse unas zapatillas cuya suela era de un plástico obtenido del maíz. Enseguida registró que hace unos años, cuando ni se habló de movilidad eléctrica, y no había ningún estímulo, encontraré a Pedro (que en ese momento era presidente de Aapresid) bajando de un Toyota Prius. «Es un tipo consistente«, pensar. No solo proclamaba sostenibilidad desde la gran entidad promotora de la siembra directa. La ejercia en su vida privada.

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En yunta con el inefable fernando vilellaun gran promotor de bioeconomíaconvocó un espectacular congreso, en el que tal trasfondo fue la cuestión de la huella de carbono. Impregnó todos los paneles e incluyó los stands de las empresas que acompañaron el evento. Pero quedó mucha tela para cortar. Y contar. Veamos.

el tema de etanol fue uno de los ejes centrales. Solo no valor agregado para una “materia prima” que aprendimos un productor de manera competitiva, sino que también es sustitución de petróleo. El mayor aporte ambiental de Argentina ha sido implantar el corte de las naftas con etanol y del diesel con biodiesel. Estamos a media máquina, con un 12%, pero arrancamos.

Y arrancamos también con las exportaciones Nada menos que a la Unión Europea. Para poder entrar en ese mercado protegido, hubo que esperar una demanda concreta: demostrar que había una menos del 70% de reducción de emisiones. Para ello, fue necesario analizar el ciclo de vida desde el cultivo hasta el proceso y el transporte.

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Se modificará. En el Congreso de Maizar se explica por qué el maíz argentino es la menor huella de carbono del mundo. A ello, las dos compañías que exportan (ACABio y Bio4) tuvieron que sumar su parte. La primera, captando la mayor parte del CO2 de la fermentación y destinándolo a las bebidas carbonatadas, en sustitución del gas de origen fósil. La segunda, integrando y «haciendo dialogar» las plantas vecinas (Bio4 y Bioeléctrica), donde los subproductos y efluentes se valorizan mutuamente.

Hay más hilo en el carretel. Sabemos que la planta de urea de Profértil, en el polo petroquímico de Bahía Blanca, requiere CO2. Entonces, está consume CO2 que genera la gigantesca planta de Mega, propiedad de Dow, YPF y Petrobras. Allí elabora etanol y otros productos a partir del gas.

Antes, ese CO2 estaba totalmente vendido. Ahora, se convierte en urea. Esa urea va al campo, donde se convirtió en maíz o trigo. Al final del día, el maíz, esa «materia prima», actuó como un agente de digestión de un gas de efecto invernadero. Una maravillosa cascada de producción de alimentos, energías renovables y servicios ambientales en toda la cadena.

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No todo esto está hoy totalmente protocolizado ni forma parte de la cantidad de emisiones. Falta integrar los cálculos de cada empresa, de cada eslabón, en el número final. Para eso están las calculadoras y certificadoras que han irrumpido en la actividad.

Gabriel Celaya decidió que la poesía es un arma cargada de futuro. El maiz, en esta Argentina vapuleada, es poesia. Es presente y sobre todo, es futuro.

Por Susana Villanueva