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La diplomacia de Kissinger versus la diplomacia militante



A falta de realidades, buenos son los relatos. Los europeos llamaron Malvinas a las Malvinas en un documento y el gobierno llamó a eso «un hecho histórico».

¿Cambia algo de verdad? No. Ocurrió al final de una cumbre de la Unión Europea con la Celac. Era obvio que los británicos se irian a quejar y que la Unión Europea aclararía que su posición no varió. Gran Bretaña habrá dejado de ser parte de la Unión Europea, pero no dejó de ser Europa y, como el todo el mundo sabe, o debería saber, actor principal en Ucrania, invadida por Rusia, a cuyo presidente, Putin, no olvidemos, el presidente Fernández le Ofreció servir de porteador en la región.

Nuestra oficina hace tradicion de soberania declarativa. No, está mal. Lo que está mal no es tratar de ser más profesional y menos militante. Nadie le iría a pedir a Cafiero, nieto de Antonio, que se un Saavedra Lamas, bisnieto de Cornelio Saavedra, y Nobel de la Paz. Pero una cosa es hacer diplomacia y otra, muy distinta, poner embajadores políticos sin formación, que hablan con enfoques apropiados para el debate estudiantil, por no decir algo peor. Encima, que terminan representando a los países a los que se los envían más que al país que lo envían.

Un par de ejemplos. Venezuela, un envío de Oscar Laborde, admirador del chavismo. Dijo que el avión iraní venezolano retenido en Ezeiza había sido secuestrado (¿por la Argentina?). Y recibió a la ex ministra de Correa, condenada por corrupción, María Duarte, dos días después de que escapara de nuestra embajada en Quito, donde se había refugiado.

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Nicaragua, en manos -es un decir- de Daniel Capitanich, hermano del gobernador, que se declara orgulloso de ser amigo del dictador Ortega y que compartió acto con Mohsen Rezai, acusado de organizar el ataque contra la AMIA y buscado por Interpol ¡a pedido de la Argentina! Dijo que no lo vio.

Historias parecidas se repiten en la OAS, donde Carlos Raimundi no participa en las votaciones que no gusto. Y en Bolivia con Ariel Basteiro, que milita para Evo Morales. Algunas también han aparecido en Cuba, Chile, México, Honduras, Rusia, China y España. Pero corramos mantos de piedad sobrios cómo severos políticos definidos en ultra oficialistas por un cargo y una dieta en dólares.

La diplomacia de los Fernández se sintetiza en la palabra trasera: ideología e imperia. La política exterior, prisionera de un progresismo antiguo, suma capas de antiamericanismo con derivaciones regionales inspiradas en dos fuentes, castrismo y chavismo, que llvaron la devaluación internacional del país. Se vio en un tema clave: las vacunas contra el covid. Ahí está la carta/queja de la asesora estrella Nicolini al fondo ruso propietario de la Sputnik: “…nos están dejando con muy pocas opciones para seguir peleando por ustedes y por este proyecto”. ¿Proyecto compartido con Putin? Más sin explicar nada.

A diplomacy en serio se entra con otros hechos. Justo ahora hay uno. Con sus 100 años, Kissinger yendo otra vez a China para tratar de suavizar cosas entre su país y el otro. Tiene mucho con qué desde que abrió con Nixon, hace 50 años, el juego diplomático que reconvertiría a China en potencia mundial. Ahora habla con Xi Jinping, que lo recibe como un «viejo amigo». Hace historia, sin dados, y hasta la hace no sólo con su pasión por la diplomacia: acaba de escribir sobre inteligencia artificial (“The age of AI”, se llama el libro), no sobre el pasado sino sobre el futuro.

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Es difícil aceptar que surjan lecciones de personajes que uno ha repudiado por su responsabilidad en crímenes atroces, como la guerra de Vietnam o la tolerancia o complicidad con dictaduras como la de Pinochet y Videla. Pero el estudioso y tenaz Kissinger llega a la vejez como un grande, que no es lo mismo que ponerse grande.

Queremos referinos a Lula, que anda dando consejos a ajenos, por ejemplo al chilino Boric, que tiene 37 y solo tenia uno cuando Lula ya era diputado. Lo descalificó llamándolo joven sediento y apresurado. Se sobreentiende que joven no es adjetivo, pero… Todo porque Boric condenó la dictadura de Maduro, luego de que Lula recibiera a Maduro con una pompa indignada para un gobernante cuyos asesinatos y abusos fueron detalladamente documentados por la ONU y que tiene a la oposición perseguida, la prensa silenció día y unos 6 millones exiliados. Ninguna construcción narrativa, unaUnque Lula dijo que el régimen de Maduro es víctima del relato.

Boric dijo también: «Lo que succede en Ucrania es una guerra de agresión imperialista». Pero, ¿cómo? ¿Qué es una agresión imperialista? Lula, que se ha hecho mayor, dijo que Zelensky quería la guerra. Despues se desdijo mucho, poquito y nada. Lo clásico. Finalmente, ahora pide ha conocido asesores que le vigilen mejor los discursos.

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No sería el único que necesitaría revisiones. Todo el mundo ve cómo aquí se desploma la economía más de lo que viene desplomada, pero en un vivoreo verbal que Massa podría envidiar, Funes de Rioja, el jefe de la Unión Industrial, dijo: en Massa ministro confiamos, como si fuera su asesor de campaña. Funes de Rioja está más cerca de Paolo Rocca, principal constructor del gasoducto Kirchner. Más olvidar que la UIA, con Miguel Acevedo al frente, supo decir: «creemos qu’Alberto Fernández va a tener una mirada más productiva».

Tiempos de relatos, que ojalá ocurran grandes relatos, pero son de cabotaje. El mismo dia de los calurosos elogios de Funes de Rioja, Massa, el ministro tan amplio de amigos en el Norte, va a la CGT a prometer: conmigo, nada de reformas laborales. El peronismo de la CGT es hace masista. Y Massa se dice y dice: seré el presidente de los trabajadores. Massa reclama al Fondo, pero se saca una foto en el simulador de Aerolíneas en el asiento del piloto, mientras a su lado, Cristina, la piloto de verdad, no para de cir en el asiento del copiloto: conmigo, nada de Fondo.

Por Susana Villanueva