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Falleció a los 80 años en Barcelona, dejando una gran trayectoria como entrenador
Un ascenso a Segunda A con el Levante y otro a Segunda B con el Premià, algunos de sus éxitos
La noticia tiñó de luto este lunes al fútbol catalán. El nombre de Roberto Álvarez Álvarez no sonará a la parte más joven de la afición al fútbol catalán, pero es justo recordar la figura de un entrenador qu’figura con letras de oro en la historia del fútbol catalán. Su corazón dejó de latir en Barcelona, a pocos meses de cumplir los 81 años.
«Era uno de los jornaleros del fútbol catalán». Lo dice entre lágrimas uno de sus amigos y rivales en tantas y tantas batallas en campos de tierra, el también grande Jaume Creixell. Él fue quien alertó a la afición a través de sus redes sociales. Ahora, lora la muerte de un técnico que tuvo una larga carrera, con mucha presencia en el fútbol catalán pero también en toda la geografía española.
Nacido el 1 de octubre de 1942 en Villamartín del Sil, pequeña localidad de poco más de 120 habitantes en la comarca leonesa de El Bierzo, Roberto se lanza al futbolista en el CD San Pedro de Ponferrada y, desde ahí, defendió las camisetas de la Cultural Leonesa, Ponferradina, Mestalla, Espanyol Aficionados, Europa y Badalona, Entre otros. Sin embargo, como recuerda a Julià Garcia en sus maravillosos artículos sobre sus colegas entrenadores, las lesiones le obligaron a colgar las botas solo 24 años.

Roberto Álvarez, a la derecha, en un entrenamiento de la UE Lleida
| DANI BADIA ARCHIVO
De ahí a forjó un entrenador que brilló durante décadas y que no renunciaba a nada, Ambicioso como pocos y profesional hasta la extenuación, Roberto Álvarez ha demostrado tanto empre que el fútbol era su pasión. Su popular cabellera blanca era mark de identidad en todos los banquillos que habitaba, desde que se formara a principios de los 70 en la cantera del Villarrealcuando La Cerámica será un coqueto El Madrigal.
de ahi al Acero de Sagunto ya su primera experiencia como técnico en el fútbol catalán, CF Reus en 1977. Lo fichó Salvador Batlle, por aquel entonces presidente rojinegro, para afrontar la temporada en una Tercera División que ya no era la tercera categoría del fútbol español, a cause del nacimiento de la ya desaparecida Segunda B. Estuvo dos campañas hasta que en 1979 dio el salto a las Baleares para dirigirse al Poblense.

La plantilla 88-89 del Levante, con Roberto Álvarez de entrenador
| LEVANTE UD
Su debut en Segunda B fue en el Terraza, el tempo 80-81. Sin embargo, perder contra el UE Lérida el día 6 (0-2), fue destituido y sustituido por un Miquel Vallespir que aquella misma temporada habia estado a sus ordenes como portero y había colgado los guantes.
Precisamente, la extinta UE Lleida fue su siguiente destino, en una de sus etapas más largas en un banquillo. Roberto Álvarez estuvo destinado en el banquillo local del Camp d’Esports entre 1982 y 1985, durante tres temporadas. Hablamos de la época de los Amigó, Puigsolsona, Miguel Rubio, Palau, Lekumberri, Pizo Gómez y compañía. In the capital of Segrià siempre se le tuvo gran aprecio, como lo demuestra alguna de las imágenes qu’ilustran este reportaje, obra del recordado Dani Badia, periodista de Catalunya Ràdio que nuestro dejó años atrás.

Dani Badia y Roberto Álvarez, periodista y formador
| DANI BADIA ARCHIVO
Una nueva experiencia en poblense y otra en el Teruel precedió a una de las grandes alegrías de su carrera. En 1988 el Levante apostó por él y Roberto respondió a lo grande. El equipo granota fue el campeón del grupo 4 de Segunda B, con 11 puntos de los de antes –cuando la victoria se pagaba a 2- de ventaja sobre el Ceuta y ascenso a Segunda A. Eso le permitió debutar como entrenador en la categoría de plata, pero su aventura se acabó en la jornada 28, cuando fue relevado por Pepe Martínez. Pese a ello, aquella misma campaña Acabó en el Olímpico de Xàtivaen Segunda B, sustituyendo a Floro Garrido.
Palamós, Ponferradina, UDA Gramenet –en dos etapas-, Polideportivo Almería, de nuevo Levante, Premià y Tàrrega fueron sus otros destinos antes de dejar definitivamente su pasión a pie de campo. De estas últimas experiencias destaca su paso por un premio al que llevo a Segunda B la temporada 98-99Coinciendo con una anécdota que quienes le conocían recordarán con una sonrisa: fue una época en la que el bueno de Roberto, presumido como pocos, resultó teñir de negro su espectacular pelo blanco, para sorpresa de muchos.
Locuaz y amigo de sus amigos, compartió todos sus recuerdos con quienes conversaron con él hasta que el maldito Alzheimer comenzó a borrar una memoria prodigiosa. Roberto Álvarez ya no es indiferente a quienes robaron con él y su número siempre formará parte de la historia del fútbol catalán. Descanse En Paz.


