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Lo descubren los romanos; para los celtas era una fuente sagrada.
Con la cantidad de documentación, tecnologías y conocimientos que disponemos actualmente, aún cuesta creer que en pleno siglo XXI existe construcciones misteriosas sobre las que absolutamente nada se sabe.
Y este es uno de esos acertijos. Los habitantes del pueblo inglés de Trueno llevan siglos intentando descubrir sin éxito de ola proviene de la impresionante caudal del manantial Fosse Dionne ubicado en el centro de la ciudad.
Este es un pozo sin fondo que encontraron las civilizaciones antiguas pero del que aún no se ha conseguido descifrar el origen de tal cantidad de agua.
una gran historia
Tan bien los romanos ya lo encontraron hecho, fueron los primeros en documental la existencia del pozo sin fondo y en crear una civilización a su alrededor. Aunque no se supiera el nacimiento de aquella gran cantidad de agua, los habitantes de Tonnerre la usaron Durante siglos en su día a día.
Sin embargo, esta civilización no fue la única que la encontró. Durante siglos, los celtas consideran que el pozo sin fondo era una fuente de agua degradada despues los ingleses lo usaron como piscina publica. Resulta casi impensable que a día de hoy todavía nadie ha conseguido averiguar de dónde viene el agua.
Todos los intentos de bucear entre los estrechos pasadizos del pozo fracasaron, incluso muy buceadores descubiertos in el intento de llegar al final del manantial, dos de ellos en el año 1974 mientras que un tercero en el año 1996.
Los esfuerzos por conseguir decubrir su origen han hecho que incluso la comuna pague un buceador para que se sumerja en sus aguas hasta llegar al origen, una misión muy peligrosa. de hecho, hasta la fecha no la han completado ni los buzos más expertos.
Una vez que los habitantes todavía no han conseguido descifrar la incógnita, el manantial se convierte en un punto de interés que atrae a miles de turistas.
Sin embargo, el peligro y el riesgo que supone que un buceador sumergirse en sus aguas ha hecho que, por ahora, se suspendan los intentos de descubrir su misterioso origen.
Carlota Bisbe Mases, La Vanguardia.



