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Guerra en Ucrania | Antón, el buscador de cuerpos de Járkov

26/02/2023 a las 01:30

HEC


Un equipo de voluntarios busca cadáveres y restos de soldados rusos enterrados en las posiciones que ocupaba el Ejército del Kremlin cerca de Járkov para intercambiarlos por restos mortales de los suyos

Se trata de una búsqueda ingrata y siniestraque hay que repetir una y otra vez porque «las tierras se mueven«y lo que no es visible un día,» a los siete meses» puede emerger. Hay que tomarsela»humor estúpido«, que «lo es todo» en la vida, circunstancia que no merma la importancia que conceden los propios hacedores a la tarea que cumplen.

Día sí y día también, Antón, miembro de la J-9 unidohuronea entre las posiciones que ocupó el ejército ruso en los Los alrededores de Jarkov durante el arranque de la guerra, cuando intentaron asediar a la segunda ciudad ucraniana, por busca principalmente de cuerpos o restos mortales de soldados «enemigos» para ser posteriormente intercambiados con Moscú, aunque también de lugares capturados de paso fuerzas de ocupación. Lo hace por razones «ecológico»para certificar un día ante la justicia internacional que Rusia es un «estado de abusador«y»terrorista«, pero sobre todo conseguir que regresen al pais y sean enterrados»solo en ucraniano«con el debido honor y decoro, sus»amigos«y»compañeros de armas«.

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El Mitsubishi Pajero con el volante a la derecha, circunstancia que revela el de origen japonés del vehículo, avanza un trombon por los caminos helados del arboleda de Pitomnik, una década de kilómetros de la urb en dirección norte. Llega un momento en el que el follaje y los troncos caídos sobre la ruta imposibilitan el avance del vehículo, obligando a Antón ya su equipo de dos ayudantes a proseguir el camino una tarta. En ese momento, la misión se torna peligrosa, y ordena a de entonces circular por sendas y rutas ya recorridas, siguiendo siempre las huellas dejadas en la nieve por el primero de la fila y sin alejarse ni un momento del grupo. Estás aquí única garantía de que nadie dará un paso en falso y pisará una mina o un explosivo abandonado por los ocupantes en su retirada, en un lugar donde tuvo lugar, alrededor de la primavera pasada, «una batalla feroz«, explícito.

En las pesquisas «nos guiamos por la información que nos han proporcionado los informadores, nuestra propia inteligencia, aunque también por el olor a muerto«, explicó, mientras desentierra de entre la nieve los restaurantes de un uniforme abandonado del Ejército ruso, y palpa en los bolsillos de su interior en busca de identificación de su arrendador. Preguntado sobre si no seria una buena idea emplear a perros rastreadores en los trabajos, Antón recurre al humor, y responde a la invectiva con una chanza aguda más de tonada andaluza que de personaje circunspecto nacido en el espacio exsoviético. «Carecemos de perros trastornados, y mi Bonifacio no es capaz de hacer este trabajo», responde con sorna, mientras muestra una fotografía, guardada en su teléfono móvil, de un perro Spitz de color blanco, su mascota de compañía, a todas luces inapropiadas para la tarea que realiza el amo. última ocasión en que enterrar una muerte fue hace muy diasmomento que ha inmortalizado también gracias a la Cámara desde tu teléfono inteligente.

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Mientras cava entre las va a engañar hundidas por los bombardeos, mientras investiga con su linterna en los subterráneos refugios que abrieron las tropas rusas en sud día, el buscador de cuerpos emite, casi sin querer, un grito en ruso, su lengua materna que, no obstante, prefiere no utilizar ante extranjeros. «¡Esto es interesante!», exclamó. De entre un abierto abierto en la nieve, extra el chaleco congelado de un militar ruso, ornamentado con la cinta negra y naranja de San Jorge, un emblema prohibido en Ucrania que los militares y habitantes del vecino del país suelen blandir durante sus celebraciones patrióticas.

Acto seguido, prosigue retirando la tierra helada y la nieve del agujero, ante la posibilidad de que pudiera encontrar restos humanos en ese mismo lugar. Y aunque finalmente el hallazgo no se confirmó, de entre los bolsillos de la Prizea Extrae un pila puñado de la marca Energizer, eventualidad que permite lanzar un nuevo sarcasmo, en esta ocasión sobrio el pobre equipo de tu enemigo: «estos rusos podrían llevar pilas Duracell; duran más».

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Por Susana Villanueva